www.sanildelfonso.tk EL MISTERIO DE SAN JOSÉ (por Miguel Vargas Muñoz)
EL MISTERIO DE SAN JOSÉ
En el Evangelio no se habla mucho de San José, no se cita ni media palabra de lo que él que dijera, pero sí se cuenta de su actuación, de hechos relacionados con él.
Dice el Evangelio que José era de la casa y familia del rey David, igual que María su esposa, (Mt 1,16)
El evangelista San Lucas es el que cuenta, de primera mano, más detalles del nacimiento de Jesús: En el capítulo 1, 36 dice: Fue enviado el ángel Gabriel de parte de Dios a una virgen desposada con un varón llamado José. Le había dicho el ángel a María que su prima Isabel, ya mayor y estéril, estaba en el sexto mes del embarazo, y después de la Anunciación, se marchó de prisa a la montaña a una ciudad de Judá; entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
San Mateo 1,18 dice que desposada María con José, antes de unirse, se halló que había concebido del Espíritu Santo, José que era justo y no queriendo denunciarla, resolvió despedirla en secreto. Esto pensaba, cuando un ángel en sueños le dijo: José. Hijo de David, no temas recibir a María, tu mujer, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo.
El evangelio no dice cuando tomó José esta resolución, si fue cuando volvió María de la casa de Isabel, después de nacer Juan el Bautista, o fue antes.
No es lógico que estando María desposada con José, la dejara ir sola a la casa de Isabel, viaje que, andando o en burro, tardaban tres días y tenía que hacer noche por el camino. Así pues, debió acompañarla José hasta la casa de Isabel. Dice San Lucas: Entró María en la casa de Isabel y cuando oyó el saludo de María, dijo a grandes voces: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
San José que estaba allí, se quedaría de una piedra, pensando ¿por qué no me habrá contado María lo sucedido? Se marcharía apenado y maravillado, y después, sólo en casa durante esos tres meses, es cuando decidiría repudiar a María, pensando ¿Qué pinto yo en todo esto? Se sentiría indigno de entrar en la intimidad de Dios. María no le había dicho nada a José porque el misterio de su maternidad era algo tan grande que no se sentía digna de proclamarlo ella. Pensaba María que ya que fue el Espíritu Santo quien se lo reveló a Isabel, Dios se encargaría de comunicárselo a José de algún modo. Efectivamente, antes de ir a recogerla, pasados los tres meses, Un ángel del Señor se le apareció durante el sueño y le dio el mensaje.
Después José tuvo la angustia más grande al ver que estaba de parto María y no había sitio para ellos en Belén. Tuvo que dar a luz en una cuadra. Un establo parece más bonito, pero aquello era la cuadra de un buey y donde ató José a lado a su burro.
Pero aun mayor fue la angustia, después del asombro de la visita de los Magos, cuando le dice un ángel a media noche: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto, porque Herodes va a buscar al niño para matarle.
José no pensó entonces: ¿Cómo es posible esto? ¿Dónde están los ángeles que cantaban la noche de su nacimiento? ¿Cómo no vienen a defender al niño? ¿Por qué no va uno de ellos y le corta a Herodes la cabeza? ¿Es que este ángel que viene a avisarme no tiene poder para liquidar a Herodes y a sus guardias? No, no pensó eso, sino que se marchó a toda prisa Egipto, por los caminos menos transitados y se quedó allí sin protestar hasta que le avisó el ángel que ya podía volver.
José le preguntaría algún día a Jesús, cuando ya fuera mayor, pues José conocía las escrituras y se acordaba del presagio de Simeón a María: “Una espada atravesará tu alma” ¿Cómo dice Isaías y los profetas que el Mesías ha de ser azotado, escarnecido y crucificado? ¿Eso te tiene que pasar a ti? Por favor, no permitas que yo vea eso, eso yo no lo podré sufrir. San José tuvo la muerte más dulce, rodeado, atendido y consolado, por Jesús y María.
Miguel Vargas Muñoz
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